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Gobernabilidad Se Escribe Con O de Oposicion
mayo 27, 2010 | Deja un Comentario
La reforma constitucional llevada a cabo en la República Dominicana, y que entro en vigencia el pasado 26 de Enero del 2010, colocó en el escenario político del país, nuevos elementos constitucionales, nuevas figuras, nuevos procedimientos, y nuevos enfoques de carácter constitucional, que todos se resumen: en una importantizacion de la INSTITUCIONALIDAD DEMOCRATICA.
Podemos estar a favor o en contra, del procedimiento a como se arribo a la reforma, pero la realidad objetiva es que quienes tenían mayor peso político, mejor posicionamiento, decidida intención, y mayor influencia en los poderes del Estado, impusieron sus puntos de vistas, en lo adelante lo que resta es hacer efectiva esa reforma, y luchar en ese marco, en la medida que las normativas lo permitan, ya que será la dinámica del accionar político del país, quien determinara, lo correcto o incorrecto de las reformas adoptadas.
Fue obvio que el anunciado Pacto de Caballeros (para llamarlo de algún modo) intervenido entre el Dr. Leonel Fernández y el Aspirante del PRD, Ing. Miguel Vargas Maldonado, marcó un antes y un después del quehacer político nacional, ya que reacondicionó los respaldos partidarios y trató de crear una reingeniería del accionar político. No solo porque, estableció con claridad, donde radica el núcleo duro del Poder político, sino y sobre todo, porque pasó tabla rasa a supuestos liderazgos partidarios. La oposición no tenía idea, de lo que hacía, ni a donde le conducirían esos caminos. Hoy lloran lágrimas de sangre.
Las estructuras partidarias (dominadas por un conservadurismo social y político) se han convertido en verdaderas agencias clientelares, populistas, trepadoras y mercantiles, nadie puede expresar en su sano juicio, que diferencia existe entre los principales partidos para solo mencionar los más publicitados. Quien domina la estructura del llamado “partido” se convierte en “líder”, “dirigente” y determinados medios de comunicación, se encargara del resto. No importa que el descrédito personal acompañe, la orfandad de pensamiento y la ignorancia política sean las prendas de estos encumbrados líderes políticos. Sus intervenciones públicas son dignas de una antología al disparate. Su brillante carrera política incluye el transfuguismo, trepar a como dé lugar, adulonería de la mas rastrera, en fin personajes intranscendentes, que han contaminado la vida política local de intranscendencias y superficialidad cotidiana.
En ese escenario ¿Que puede ser gobernabilidad? ¿Puede ser la gestión de buen gobierno, empleando los recursos y los criterios del sistema democrático, a fin de que la administración pública sea un servicio del gobierno para lograr los objetivos estratégicos del Estado?
Un sistema democrático, se construye con diversos actores: Ciudadanos, Gobierno, Oposición al gobierno, Instituciones, Sociedad Civil, Academias, Fuerzas Armadas, Iglesias, Empresarios, Medios de Comunicación, Trabajadores, Sectores productivos informales, en fin todas las fuerzas vivas de la nación. Todos somos partes activas del afanar democrático, nadie es más importante que nadie. Todos tenemos un paradigma que seguir: los lineamientos constitucionales y la convivencia pacífica para dirimir las naturales contradicciones sociales.
El mantener una sociedad como la nuestra con grandes desniveles sociales, económicos y culturales, el equilibrio democrático, parece una obra de arte, o una gestión de la providencia. Como no creo ni en lo primero, ni en lo segundo. Me inclino a pensar que eso que deseamos llamar SISTEMA DEMOCRATICO DOMINICANO, es lo más parecido, a tratar de buscarle una explicación lógica al carácter del dominicano, no existe el DOMINICANO TIPICO, no hay nada más surrealista que definir “lo Dominicano” es una suma de tantas cosas, que los expertos antropólogos, se han tranzado en aceptar sin definir: El Color Dominicano, El Humor Dominicano, La Raza Dominicana, etc., etc., y en el mejor de los casos, han decidido aceptar lo inexplicable, como un hecho: La música, la comida, la cultura, la fe dominicana, el sentido de humor, el deporte nacional, en fin, esos lazos misteriosos que unen a esa nación, que por más de 160 años pretende edificar un Estado Democrático.
Si usted desea saber, la profundidad del Estado de Derecho y la aplicabilidad de las normas constitucionales, ascienda a la administración del Estado o baje de ella, con cualquier vía. De inmediato usted comprenderás: Que lo más parecido a Dios Nuestro Señor, lo es nuestro Señor Presidente Constitucional de la Republica, en caso de ascender al Poder. Que lo más parecido a un Leproso en fase Terminal, es ser líder o jefe de la llamada oposición., o simplemente haber perdido las elecciones que lo conducen al poder. Lo que ayer fuiste hoy no lo eres. La cultura de que el que Ganó Ganó, no importan los porcentajes, tanto para ganar como para perder. La diferencia en cifras pueden ser pírricas, pero en la realidad las distancias son astronómicas. Por eso para “gobernar” hay que tener “mayoría en todas partes”. Si no hay mayoría, “no se puede gobernar”. Necesitamos mayoría aunque sea de UNO, pero mayoría. Con ese UNO, aplastamos, no gobernamos, se confunde avasallar con gobernar.
Conceptos tales como: Pactar, Conciliar, Complementar, Compartir, Proponer no existen en la cultura política dominicana. Usted Perdió, no es solo un slogan del querido Rafael Corporan, sino un hacha afilada en las manos del partido que ha obtenido mayoría, según el sistema electoral vigente. El partido político A y sus aliados pueden acumular el 51.23 % de los votos depositados y el partido político B y sus aliados reunir el 48.01 %; el primero gana todo y el segundo pierde todo, no importa que el escenario sea sobre una ausencia de votantes de más de 45 % de los inscriptos en el padrón electoral y de más o menos un 10 % ó 12 % de la población total del país en capacidad de ejercer sus derechos ciudadanos.
La llamada oposición no conoce estas matemáticas hasta que no le toca morder el polvo de la derrota electoral, La Oposición practica la lógica de la mayoría absurda: Si gano me quedo con todo, si pierdo denuncio el fraude colosal. Si por una circunstancia soy mayoría (la muerte de un líder carismático), ese hecho no previsto me llevara a aplicar mi mayoría. La amnesia política comienza a funcionar, lo primero que se olvida es que si hoy soy gobierno, fue porque ayer fui oposición. Sin embargo, mis reclamos de gobernabilidad solo serán aplicables a quienes me cuestionen el uso desproporcionar de los recursos del Estado, mientras estoy en la oposición no se me ocurrió auspiciar una ley para impedir ese uso y abuso, como tampoco, transparentar el sistema electoral y hacerlo más equitativo y representativo de las fuerzas que activan en el escenario político del país.
La gobernabilidad depende más de la oposición, que del gobierno, sobre todo, cuando se entiende y comprende que el sector gubernamental, no está conformado por Ángeles ni Arcángeles, venido en una nube que se poso en el palacio nacional, y deposito allí, a predestinados a quienes se le pide que sean diferentes, de lo que fueron estando en la oposición.
Gobernabilidad se entiende, como algo así: Déjenme gobernar tranquilo que yo gane y usted perdió. Nada de Oír, nada de crear puentes, nada de conciliar, nada de institucionalizar el accionar gubernamental. Nada de abrir discusiones para crear políticas de Estado sobre los Retos y Amenazas que aguardan a la nación. Pero tampoco, déjame tender puentes de advenimientos y respaldar las iniciativas gubernamentales que coincidan con lo que pueda favorece a la mayoría de la población, sino como soy oposición déjame obstaculizar todas iniciativas, sobre la lógica: ¿Por qué hacerlo bien, si lo podemos hacer mal?
¿Conducirán estas derrotas electorales a crear un ambiente de gobernabilidad a partir de las ópticas de los perdedores?
Ustedes se preguntaran y ¿los ganadores? ¿Qué harán los triunfadores en el escenario de la gobernabilidad? ¿Qué harán con todo el poder acumulado? Yo prefiero esperar resultados tangibles. Hay una vieja reflexión que reza:
“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. Mario Benedetti


