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15
Alcides Decena Lugo
Julio 15, 2008 | 3 Comentarios
Artículo publicado por Felipe Ciprián en el Listín Diario. Fecha Lunes 14 de Julio de 2008.
No me sorprendí al ver que Alcides Benjamín Decena Lugo fuera el único juez de la Cámara de Cuentas que afrontó hasta el final el juicio político que siguió el Congreso Nacional a los integrantes de ese organismo. En el fondo siempre tuve el deseo de que saliera bien de ese trance difícil en que lo puso el destino, por llamar de alguna manera al vaivén de la vida cotidiana.
He visto a Decena Lugo una sola vez en la vida y estoy seguro que él no se recordará de mí, porque ambos cumplimos cada quien en su rol – nuestro papel por allá por los años ochenta.
A raíz de las protestas masivas de los días 23, 24 y 25 de abril de 1984 provocadas por la decisión del gobierno de Salvador Jorge Blanco, cumpliendo la receta del FMI de sacrificar los programas sociales para pagar la deuda externa, cientos de personas cayeron asesinadas por tropas militares y de la Policía, no menos de cinco mil quedaron heridas de bala y dieciocho mil fueron encarceladas. Entre esos dieciocho mil fue detenido en Baní mi siempre amigo Manuel Guerrero, también conocido como Tito o Duarte.
Enterado del percance de Guerrero, llamé por teléfono a Ramón Martínez Portorreal, presidente del Comité Dominicano de los Derechos Humanos, y me prometió que enviaría al día siguiente a un abogado para que asistiera legalmente a todos los detenidos.
Quien llegó a Baní fue Decena Lugo, nos encontramos en la calle Mella y coordinamos la defensa de todos los detenidos por las protestas. Con su valiente actuación en estrado, logró la libertad de los detenidos, pese al interés del gobernador César Prats y otros funcionarios de mantener en prisión a las personas que se rebelaron contra las medidas del gobierno, que fueron dispuestas en plena Semana Santa de ese año.
Jamás he visto ni hablado con Decena Lugo. No conozco cuál ha sido su trayectoria desde ese momento a la fecha, pero cuando lo vi llegar solitario hasta el final, afrontando solo el juicio que debieron resistir nueve jueces de la Cámara de Cuentas, entendí perfectamente que una parte esencial de su personalidad no ha mermado: su valor y su responsabilidad.
No tengo elementos para alegar la inocencia o culpabilidad de Decena Lugo en su rol como miembro de la Cámara de Cuentas, pero lo felicito porque cargó como un valiente la envestida que debieron afrontar nueve jueces.
Decena Lugo supuestamente acaba de ser sacrificado. Ese es un motivo suficiente para que yo le ofrezca mi amistad y mi reconocimiento. Nunca hubiese escrito este artículo si su estrella estuviese en ascenso. Ahora, con mucho gusto, lo hago.
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Una vez el Maestro Decena Lugo me dijo lo siguiente: es mejor espera para que los que nos juzgan se den cuenta que ellos deben ser en realidad los juzgados.
Esas palabras me pusieron a pensa y luego de cierto tiempo me di cuenta que era realidad, en este pais, mi pais, suceden cosas a veces que nos llenan de verguenza, el Dr. decena Lugo fue de los pocos jueces de la Camama de Cuentas que se quedo hasta el fina, no fue por otra cosa mas porqeu el mismo no tiene colo qeu le pisen, su forma de ser impartiendo clases y su dedicacion a enseñarle a los estudiantes que la honradez es lo mas importante en la vida, por eso es qeu cuando lo vi en el pasillo de Ciencias Juridicas de la UASD le dije se bien que persona es usted y tambien se que es de los pocos hombres que quedan en este pais que se le podria denominar Serio.
A este respecto, hay que apuntalar que el profesor Decena Lugo tuvo la valentìa de defender su imagen como funcionario pùblico que fue y al mismo tiempo como docente de nuestra màs alta universidad (UASD. Soy de lo que creo y sostengo que Decena no quedò mal parado ante la opinion pùblica, puesto que, supo defender su honestidad hasta el final y eso se toma en cuenta.La historia se encargarà de revelar en su oportuno tiempo que èl fue el ùnico que batallò de no renunciar ante el juicio polìtico.
Ese periodista defendió mejor que un abogado al doctor Decena lugo. Los felicito a los dos; al juez por su honradez y al periodista por el honor de asociarse a su amigo en desgracia, no al que está en buena como suele suceder en este pobre país.