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El Defensor del Pueblo sine die
Agosto 14, 2007 | Deja un Comentario
Tal cual parece que la designación del
El tema al parecer se ha convertido en un asunto complicado y complejo, no tan fácil y cómodo como inicialmente habían pensado los legisladores, en esta última etapa ( 2004-2008). La Comisión Especial hizo un buen trabajo, agilizó, depuró, entrevistó y seleccionó; y al parecer la cuestión no era de simple procedimientos, sino de decisión política, y no de cualquier decisión política, sino de decisión política estratégica, ya que la figura del Defensor del Pueblo, no es cualquier cosa, ni tampoco será cualquier cosa, dependiendo la escogencia. Al parecer la situación bordea la crisis, ya que de no ser así, ya se hubiese escogido, recordamos que
su aprobación data desde el 1 de Febrero del 2001.
Factores esencialmente políticos interfieren la decisión, eso es bueno, no es malo, ya que la figura del Defensor del Pueblo, es esencialmente una figura política por excelencia, para normal la vida política y para incidir en las políticas del Estado. Quien sea la persona escogida debe tener una idea estratégicamente política, de lo contrario, podríamos tener una Secretaria Glorificada, al frente de una entidad de importancia capital para la institucionalidad del país.
Ahora, lo que no es, lo que no puede ser, lo que seria imposible, es que sea una figura partidista, un militante partidario disfrazado de sociedad civil, o disfrazado de independiente, o un agente a sueldo de intereses extranjeros generosamente financiado para venir a enseñarnos democracia, un agente anti partido que en nombre de la apertura democrática, desean suplantar las instancias políticas y sustituirlas por estamentos de la llamada sociedad civil, que sin el menor pudor, se han presentado como candidatos, a sabiendas que provienen con una agenda prestada, cuyo discurso se fundamenta en las criticas a los partidos políticos, cuando así conviene, presentando toda iniciativa de los partidos, como mensajes satánicos. Mientras que en privado, y lejos de las cámaras, buscar el favor político, que luego de superada la guerra fría, no pueden presentarse como “lo mas conveniente, por no ser comunista, ni provenir del litoral del comunismo” como fueron iniciales sugerencias externadas para excluir a personas y candidatos, de mayor y mejor idoneidad, y dichas, para presentar a un adocenado genuflexo, peón de los mas bastados intereses nacionales. Superado ese escenario, y llegado el momento de la escogencia, no hay mas que una exigente evaluación, como la que se ha impuesto durante todo este largo proceso.
Las crisis, se pueden evitar si se tiene la capacidad política de comprender, el importante rol que juzgará del Defensor del Pueblo en el escenario nacional. Obviamente que será una difícil decisión, por los múltiples intereses que se mueven en torno a la decisión, basta con comparar críticamente la escogencia de los miembros de la Cámara de Cuentas y de la Junta Central Electoral y de otras instancias publicas, y ver hoy sus resultados y sus desempeños, en algunos casos ha sido triste y vergonzoso. La transparencia quedo atrás y los discursos y proponentes que se levantaron en ese entonces, no indicaban la tragedia nacional en que se han convertido algunas designaciones. Si usted hace una evaluación crítica, y hoy analiza los listados presentados, se dará cuenta que eran los mismos y los mismísimos, contra los mismos y los mismísimos de siempre. Al parecer estamos condenados a no salir de determinados círculos viciosos de escogencia, para determinadas posiciones públicas, lo ridículo del asunto es la caradura de algunos de estos personajes en el ejercicio de las funciones para las cuales fueron escogidos, desde una perspectiva de “independiente”.
Reenviar la decisión sine die, no es la mejor de las decisiones. La decisión debe ser tomada ya, salga quien salga, comprendemos que la decisión marcará con un sello indeleble a las colectividades políticas responsables de la misma. La historia tiene ese encanto, que marca sólidamente y marca para siempre, aunque queramos barrer bajo la alfombra algunas decisiones, como aquella, tomada el 29 de Diciembre del 1961, cuando “nuestros legisladores” en soberano ejercicio de sus funciones, crearon el inefable Consejo de Estado, de muy triste recordación. Para solo poner un ejemplo de pésima decisión.
Hoy más que nunca, hay que mantener la fe en alto, de que el proyecto del Defensor del Pueblo, no se convertirá en una experiencia fallida, por falta de decisiones verdaderamente políticas, al ser victima de las indecisiones políticas y la falta de una visión de Estado.


